Antes de empezar, acotaré que mi plan de vida sana consiste en comer inteligententemente 6 días por semana y el día 7 dedicarme a los excesos. Ese día como estupideces por montones; en teoría el plan es terminar tan lleno y harto de la comida chatarra que no querré saber nada de ella por una semana (en teoría suena bien, no siempre funciona así, pero bueno…)
Uno de esos días decidí destrozarle a mi sistema digestivo con un cuarto de libra con queso y cuando entré a McDonalds noté que la encargada del piso estaba moviendo todo el bote de la mayonesa (de la que me confesaré fanático asérrimo, aunque sé que es un pequeño veneno :s ) porque estaba vacío; me acerco y pregunto; ¿van a llenarlo?, me responde no ahora, va a tomar tiempo, pero que en la caja puede pedir un sachet de mayonesa, a lo que yo pregunté: de la amarilla? me respondió: sí; la de los andes (una marca de acá) a lo que dije gracias y salí a Burger King; pedí uno de sus combos con papas, cola y hamburguesa que no estaba fea.
Era la primera vez que entraba ahí sólo; la verdad siempre renegaba del rey de las hamburguesas, por mi cariño a McDonalds.
Pero las cosas cambian al parecer.
Todo empezó unas semanas antes cuando en el mismo McDonalds del mismo lugar, a la misma hora, descubrí esta nueva mayonesa (la amarilla que le digo yo) que la empresa eligió para reemplazar “muy brillantemente” a la famosisima Real Mayonnaise, (eso solo ya me resultó MUY molesto, pero, no fue lo peor: Esta mayonesa amarilla tenía una grave complicación: era virtualmente imposible de abrir).
Imagino entonces que, muy probablemente, algún tipo muy inteligente encargado de reducir costos u optimizar la producción dijo: ahorraremos un poco de dinero si no hacemos el huequito para que pueda abrirse el sachet.
Gracias a esa acotación, lo que ví y viví fue un show.
Pasé más de 7 minutos tratando de abrir la puerca mayonesa y no lo lograba, saqué el objeto más cortopunzante que encontré en mi mochila (patético para mi índice de maldad, un esfero de aluminio) y peleando peleando, logré abrirla.
Cuando ví a mi alrededor, noté que las demás personas tenían el mismo lío que yo, pero, ellos tenían dientes hábiles, abrían su sachet, sin tantas peleas (como yo).
Pero con molestias, eso sí.
Entonces pensaba, esto está mal y a pesar de ser McDonalds es una de las que más apreciaba (no por toda la chatarra que venden, sino más bien por la fascinación que me despiertan las empresas que logran algo único; en este caso la virtual perfección en los procesos) empecé a ver todas las cosas molestas y preocupantes; por ejemplo, noté que el gerente era desmedidamente gordo y que si comía muchas hamburguesas iba a terminar exactamente igual; también, que había un par manchas en el piso, que los cajeros no sonreían, hacía mucho calor, la silla no era lo suficientemente cómoda y muchas otras cosas que decidí no ver antes por el cariño que sentía.
Todo por dos pequeñísimos detalles:
1) Cambiar la mayonesa.
2) Elegir una que no tiene hueco en el sachet.